Era un día nuevo, el sol asomaba por la gran ventana de Rosa y ella despertó por la luz.
A los pocos minutos le sonó el despertador, era hora de ponerse en pie.
Se levantó ilusionada por volver a ver a Cristian y poder aclarar el percance del día anterior.
Se fue a la ducha y mientras se duchaba intentaba aclarar en su cabeza lo que le iba a decir a el, no lo tenía claro pero necesitaba aclararlo para quedarse tranquila.
Acabó de ducharse, se vistió con sus pantalones favoritos y una camiseta que le había regalado Ana, aria unas semanas.
Llegó la hora y bajó, pensando aun lo que le diría a Cristian cuando le viese.
Cuando abrió la puerta allí estaba Ana esperándola como habían quedado desde antes de empezar las clases.
Se fueron a la universidad y de camino Rosa le explico todo lo que le quería decir a ese chico, el cual le empezaba a gustar.
Llegaron a clase y se sentaron donde el día anterior.
Rosa no dejaba de mirar la puerta para ver si por fin llegaba Cristian.
El profesor llegó y empezó la clase.
Después de varias horas, las amigas fueron a la cafetería, Rosa estaba nerviosa y decepcionada pero cuando entraron le vio, Cristian estaba allí, sentado con todos sus amigos.
Ellas pasaron por detrás de todos ellos, el se giró y le sonrió a Rosa.
Ella roja como un tomate se rió y continuó andado.
Un cuarto de hora después Cristian y sus amigos iban dispuestos a salir de la cafetería y dirigirse a clase pero antes, el fue donde las dos amigas.
Le tocó el hombro a Rosa, ella al ver que era el, se levantó de la silla y se quedo frente a el con intención de pedirle disculpas, pero el se le adelantó.
-Ese pantalón te queda muy bien, estas muy guapa. Le dijo Cristian.
-Gracias, yo... yo...
-Vamos a clase, que vas a llegar tarde y seguro que no quieres suspender. Cristian sonrió y se fue.
Ella sorprendida cogió la mano de su amiga y salieron a toda velocidad para clase.
Una vez allí vio que la clase había empezado y tendría que esperar a salir de la universidad para poder hablar con Cristian.
A lo largo de la clase, ella se dió cuenta que el la miraba de reojo y sonreía, que tenía un tatuaje en el brazo que ponía "El amor está donde menos te lo esperas" ella sonrió y siguió atendiendo a la clase.
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